Y a menos sexo, ¿menos ganas?

Que no se nos olvide la premisa de que a mayor cantidad de relaciones sexuales, mayor deseo sexual y por lo tanto lo contrario también debemos tenerlo en cuenta, es decir, que tras un tiempo sin tener relaciones sexuales nuestro cuerpo se acostumbra a no tenerlas, e inclusive nos podemos mostrar reticentes a un nuevo encuentro.

En este caso, la razón de este comportamiento es más psicológica que biológica,

porque nos sentimos inseguras a realizar una actividad donde creemos que hemos perdido la práctica y el control por no realizarla con frecuencia. Es lo que podríamos definir como ANSIEDAD DE EJECUCIÓN.

Por ello, si estamos atravesando una etapa de sequía, para no perder el entrenamiento, y que después no nos pierdan los nervios, se recomienda no dejar de conectar con nuestra AUTOSEXUALIDAD, es decir, pensar en sexo, tener fantasías, deseos, y sentirnos eróticas con nuestro cuerpo y estimularnos para fomentar el placer.

En conclusión, cuando mantenemos relaciones sexuales asiduamente, ello forma parte de nuestra rutina y tenemos facilidad de relajarnos y no pensar, porque hay una experiencia cercana positiva.

Hagamos que nuestro día a día esté lleno de experiencia positivas.

Y a menos Testosterona, ¿Menos sexo?

Cuando el Deseo Sexual Hipoactivo NO es psicológico.

Si no tienes fantasías ni pensamientos sexuales, ni deseo sexual, serás catalogada como una paciente con Deseo Sexual Hipoactivo (DSH).

En este caso, deberás someterte a una evaluación Ginecológica y a una analítica general y hormonal para definir la causa del problema.

La mayoría de las pacientes con DSH se benefician desde el punto de vista terapéutico con un enfoque multidisciplinar, donde muy probablemente tengamos que intervenir l@s sexólog@s, el Rehabilitador del Suelo Pélvico y l@s Ginecólog@s, siendo éstas últimas las que deciden, si hay que iniciar terapia hormonal.

En la respuesta sexual femenina intervienen muchos factores y dentro de ellos las hormonas ocupan un lugar determinante; la participación de los Estrógenos, la Progesterona y la Testosterona, es esencial y aunque todas las hormonas femeninas tienen un rol vital en esa respuesta, la Testosterona tiene un protagonismo digno de una Reina.

La Testosterona en las mujeres disminuye a partir de los 25 años, de manera que los niveles plasmáticos de una mujer de 40 años pueden llegar a ser la mitad que los que tenía a los 20 años. Esta disminución se relaciona con los síntomas y signos propios del envejecimiento como disminución de la LÍBIDO, de la vitalidad, alteraciones del estado de ánimo, cansancio permanente, sofocos, pérdida de masa muscular y fuerza, pérdida de memoria y alteraciones del ritmo vigilia-sueño